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5. Resultado de la duda: el cogito (Descartes)

Ha dejado en suspenso todo menos las verdades de fe y las normas de la  moral para seguir viviendo.
Para Descartes,  hay una certeza que resiste todos los ataques de la duda y de la que es imposible dudar: es el hecho del propio pensamiento y de la propia existencia: Cogito, ergo sum.
Puedo dudar que Dios exista, que el mundo exista, pero no puedo dudar de que el "yo" que piensa estas cosas exista.

Hay algo que escapa incluso al poder del genio maligno y a la posibilidad de que la naturaleza humana funcione mal: si el dios maligno me engaña, existo; si me engaño a mí mismo también existo, por lo que se supera la duda. (Aquí está la influencia de San Agustín, quien dice: ¿pues qué si te engañas? Si me engaño soy.)

El cogito es:

  •  La idea clara y distinta que sirve como fundamento para deducir de ella todas la demás verdades.
  •  Es un hecho irrefutable, una intuición evidente  y simultánea del pensamiento y la existencia.

En el pensar  el sujeto se percibe a sí mismo como existiendo. No es un raciocinio,  sino un hecho concreto e inmediato de conciencia, en que se percibe simultáneamente  el pensamiento y la existencia, la actividad y el ser.

En Esta verdad hay dos elementos claros:

  1.  pensar: cosa que duda, entiende, concibe, afirma , niega, quiere, no quiere, imagina y siente.
  2.  existir: el yo que existe como pensamiento.

5.1. Clasificación de las ideas.

Hasta ahora contamos con dos elementos: el pensamiento y las ideas que piensa. Tal vez el mundo no exista, pero sí su idea. El pensamiento piensa siempre ideas (en la filosofía anterior el pensamiento no recae sobre las ideas, sino sobre las cosas, el ente).

Clases de  ideas:
Encuentra en el pensamiento  3 clases de ideas:

  1.  Adventicias: que parecen provenir de la experiencia externa: árbol, hombre, etc. No son evidentes no nos consta su existencia.
  2.  Ficticias: aquéllas que construye la mente a partir de otras ideas: caballo alado.
  3.  Innatas: ideas  que el entendimiento posee por naturaleza. No son construidas por mí y tampoco proceden de la experiencia, sino que las encuentro en mí mismo. Son ideas claras y distintas; evidentes, como: pensamiento y existencia, perfección, etc.
     
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