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"Del Libre Albedrío", Libro II , Cap. 1-2 (San Agustín)

 

 "Del Libre Albedrío", Libro II , Cap. 1-2 (San Agustín)

  De Libero Arbitrio fue un libro escrito de forma discontinua, entre los años 368 y 395,  de su vida en Roma, Tagaste e Hipona. De estilo platónico, elabora un  diálogo que enfrenta al propio Agustín con un amigo suyo, Evodio. En este texto, el autor manifiesta sus dudas sobre los temas que trata, en los que  propone soluciones razonadas  a los problemas planteados, sin renunciar  a la fe revelada. Los temas giran  en torno ha:

-          La ética y la moral indagando acerca del origen del mal y su causa: la libertad, en el primer capítulo y,

-           El problema de la  existencia de Dios, en el 2º.

DEL LIBRE ALBEDRÍO      LIBRO  II

    CAPÍTULO 1        

¿Por qué nos ha dado Dios la libertad, causa del pecado?

Evodius_ Explícame ya, si es posible, por qué ha dado Dios al hombre el libre albedrío de la voluntad puesto que de no habérselo dado, ciertamente no hubiera podido pecar.

Agustín_ ¿Tienes ya por cierto y averiguado que Dios ha dado al hombre una cosa que, según tú, no debía haberle dado?

Ev._ Por lo que me parece haber entendido en el libro anterior, es evidente que gozamos del libre albedrío de la voluntad y que, además, él es el único origen de nuestros pecados.

Ag. --También yo recuerdo que llegamos a esta con­clusión sin género de duda. Pero ahora te he preguntado si sabes que Dios nos ha dado el libre albedrío de que go­zamos, y del que es evidente que trae su origen el pecado.

¿Por qué merecemos premios y castigos?

Ev._ Pienso que nadie sino Él, porque de Él procedemos, y ya sea que pequemos, ya sea que obremos bien, de Él merecemos el castigo y el premio.

Ag._ También deseo saber si comprendes bien esto último, o es que lo crees de buen grado, fundado en el argumento de autoridad (, aunque de hecho no lo entiendas[1].

Ev._     Acerca de esto último confieso que primeramente di crédito a la autoridad. Pero ¿puede haber cosa más verdadera que el que todo bien procede de Dios, y que todo cuanto es justo es bueno, y que tan justo es castigar a los pecadores como premiar a los que obran rectamente? De donde se sigue que Dios aflige a los pecado­res con la desgracia y premia a los buenos con la felicidad.

Ag_ Nada tengo que oponerte, pero quisiera que me explicaras lo primero que dijiste, o sea, cómo has llegado a saber que venimos de Dios, pues lo que acabas de decir no es esto, sino que merecemos de Él el premio y el cas­tigo.

¿El hombre  ha sido creado por Dios?

 Ev. Esto me parece a mí que es también evidente, y no por otra razón sino porque tenemos ya por cierto que Dios castiga los pecados. Es claro que toda justicia pro­cede de Dios. Ahora bien, si es propio de la bondad ha­cer bien aun a los extraños, no lo es de la justicia el cas­tigar a aquéllos que no le pertenecen. De aquí que sea evidente que nosotros le pertenecemos, porque no sólo es buenísimo en hacernos bien, sino también justísimo en castigarnos. Además, de lo que yo dije antes, y tú concediste, a saber, que todo bien procede de Dios, puede fácilmente entenderse que también el hombre procede de Dios, puesto que el hombre mismo, en cuanto hombre, es un bien, pues puede vivir rectamente siempre que quiera.

¿El hombre es necesariamente libre?

Ag_ Evidentemente, si esto es así, ya está resuelta la cuestión que propusiste. Si el hombre en sí es un bien y no puede obrar rectamente sino cuando quiere, síguese que por necesidad ha de gozar de libre albedrío, sin el cual no se concibe que pueda obrar rectamente. Y no porque el libre albedrío sea el origen del pecado se ha de creer que nos lo ha dado Dios para pecar. Hay pues, una razón suficiente de habérnoslo dado, y es que sin él no podía el hombre vivir rectamente.  Y, habiéndonos sido dado para este fin, de aquí puede entenderse porqué es justamente castigado por Dios el que usa de él para pecar, lo que no sería justo si nos hubiera sido dado no sólo para vivir rectamente, sino también (únicamente) para poder pecar.[2] ¿Cómo podría, en efecto, ser castigado el que usara de su libre voluntad para aquello para lo cual le fue dada? Así pues, cuando Dios castiga al pecador, ¿qué te pa­rece que le dice, sino estas palabras: te castigo porque no has usado de tu libre voluntad para aquello para lo cual te la di, esto es, para obrar según razón?  Por otra parte, si el hombre careciese del libre albedrío de la voluntad, ¿cómo podría darse aquel bien que sublima a la misma justicia, y que consiste en condenar los pecados y en premiar las bue­nas acciones? Porque no sería ni pecado ni obra buena lo que se hiciera sin voluntad libre. Y, por lo mismo, si el hombre no estuviera dotado de voluntad libre, sería injusto el castigo e injusto sería también el premio. Más por nece­sidad ha debido haber justicia, así en castigar como en pre­miar, porque éste es uno de los bienes que proceden de Dios. Necesariamente debió, pues, dotar Dios al hombre de libre albedrío.

 

CAPÍTULO 2

Objeción: si el libre albedrío ha sido dado para el bien, ¿cómo es que obra el mal?

Ev_ Concedo que Dios haya dado al hombre la liber­tad. Pero dime: ¿no te parece que, habiéndonos sido dada para poder obrar el bien, no deberla poder entregarse al pecado? Como sucede con la misma justicia, que, ha­biendo sido dada al hombre para obrar el bien. ¿Acaso puede alguien vivir mal en virtud de la misma justicia? Pues igualmente, nadie podría servirse de la voluntad para pecar si ésta le hubiera sido dada para obrar bien.

Dios, ¿debió darnos la libertad?

Ag._ El Señor me concederá, como lo espero, poderte contestar, o mejor dicho, que tú mismo  contestes, ilu­minado interiormente por aquella verdad que es la maes­tra soberana y universal de todos. Pero quiero antes de nada que me digas brevemente si, teniendo como tienes por bien conocido y cierto lo que antes te pregunté, a sa­ber, que Dios nos ha dado la voluntad libre, procede decir ahora que no ha debido darnos Dios lo que confesamos que nos ha dado. Porque, si no es cierto que Él nos la ha dado, hay motivo para inquirir si nos ha sido dada con ra­zón o sin ella, a fin de que, si llegáramos a ver que nos ha sido dada con razón, tengamos también por cierto que nos la ha dado aquél de quien el hombre ha recibido todos los bienes, y que si, por el contrario, descubriéramos que nos ha sido dada sin razón, entendamos igualmente que no ha podido dárnosla aquél a quien no es lícito culpar de nada. Más si es cierto que de Él la hemos recibido, entonces, sea cual fuere el modo como la hemos recibido, es preciso confesar también que, sea cual fuere el modo como nos fue dada, ni debió no dárnosla de otro modo distinto de como nos la dio, pues nos la dio aquél cuyos actos no pueden en modo alguno ser razonablemente censurados.

¿Es lo mismo creer que entender?

Ev.- Aunque creo con fe inquebrantable todo esto, sin embargo, como aún no lo entiendo, continuemos in­vestigando como si todo fuera incierto. Porque veo que, de ser incierto que la libertad nos haya sido dada para obrar bien, y siendo también cierto que pecamos volunta­ria y libremente, resulta incierto si debió dársenos o no. Si es incierto que nos ha sido dada para obrar bien, es también incierto que se nos haya debido dar, y, por consi­guiente, será igualmente incierto que Dios nos la haya dado; porque, si no es cierto que debió dárnosla, tampoco es cierto que nos la haya dado aquél de quien sería impie­dad creer que nos hubiera dado algo que no debería ha­bernos dado.

Ag._ Tú tienes por cierto, al menos, que Dios existe.

Ev. Sí; esto tengo por verdad inconclusa, mas tam­bién por la fe, no por la razón.

(Aquí se cita  el Salmo 13,1, que utilizará San Anselmo)

Ag. Entonces, si alguno de aquellos insipientes de los cuales está escrito: «Dijo el necio en su  corazón: No hay Dios»: Dixit insipiens in corde suo: Non est Deus, no quisiera creer contigo lo que tú crees, sino que quisiera saber si lo que tu crees es verdad, ¿abandonarías ese hombre a su incredulidad o pensarías quizá que debieras convencerle de algún modo de aquello mismo que tú crees firmemente, sobre todo si él no discutiera con pertinacia, sino más bien con deseo de conocer la verdad?

Ev._ Lo último que me has dicho me indica suficiente­mente qué es lo que debería responderle. Porque, aunque fuera él el hombre más absurdo, seguramente me conce­dería que con el hombre falaz y contumaz no se debe dis­cutir absolutamente nada, y   menos de cosa tan grande y excelsa. Y una vez que me hubiera concedido esto, él se­ría el primero en pedirme que creyera de él que procedía de buena fe en querer saber esto, y que tocante a esta cuestión no había en él falsía ni contumacia alguna. Entonces le demostraría lo que juzgo que a cualquiera es facilísimo demostrar. a saber, que, puesto que él quiere que yo crea, sin conocerlos, en la existencia de los sentimientos ocultos del alma que únicamente él mismo puede conocer, mucho más justo sería que también él creyera en la existencia de Dios, fundado en la fe que merecen los libros de aquellos tan grandes varones que atestiguan que vivieron en compañía del Hijo de Dios, y que con tanta más autoridad lo atestiguan cuanto en sus escritos dicen que vieron cosas tales que de ningún modo hubieran podido suceder si realmente Dios no existiera,[3] y sería este hombre sumamente necio si pretendiera echarme en cara el haberles yo creído a ellos, y deseara, no obstante, que yo le creyera a él. Ciertamente no encontraría excusa para rehusar hacer lo mismo que no podría censurar con razón.

Ag._ Pues, si respecto de la existencia de Dios juzgas prueba suficiente el que nos ha parecido que debemos creer a varones de tanta autoridad, sin que se nos pueda acusar de temerarios, ¿por qué, dime, respecto de estas cosas que tenemos determinado investigar, como si fueran inciertas y absolutamente desconocidas, no piensas lo mismo, o sea, que, fundados en la autoridad de tan altos varones, debamos creerlas tan firmemente que no debamos gastar más tiempo en su investigación?

¿Es suficiente con creer? O  además, ¿se necesita entender? ¿Es necesaria la iluminación divina?

Ev._ Es que nosotros deseamos saber y entender lo que creemos.

Ag._ Veo que te acuerdas perfectamente del principio indiscutible que establecimos en los mismos comienzos de la cuestión precedente: si el creer no fuese cosa dis­tinta del entender, y no hubiéramos de creer antes las grandes y divinas verdades que deseamos entender, sin razón habría dicho el profeta: "Si no creyereis, no entenderéis": Nisi credideritis non intelligetis. El mismo Señor exhortó también a creer primeramente en sus dichos y en sus hechos a aquellos a quienes llamó a la salvación. Mas después, al hablar del don que había de dar a los creyen­tes, no dijo: Esta es la vida eterna, que crean en mi; sino que dijo: Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, sólo Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien enviaste. Después, a los que ya creían, les dice: "Buscad y hallaréis";  porque no se puede decir que se ha hallado lo que se cree sin en­tenderlo, y nadie se capacita para hallar a Dios si antes no creyere lo que ha de conocer después. Por lo cual, obe­dientes a los preceptos de Dios, seamos constantes en la investigación, pues iluminados con su luz, encontraremos lo que por su consejo buscamos, en la medida que estas cosas pueden ser halladas en esta vida por hombres como nosotros; porque, si, como debemos creer a los mejores, aun mientras vivan esta vida mortal, y ciertamente a to­dos los buenos y piadosos, después de esta vida, les, es, dado ver y poseer estas verdades más clara y perfecta­mente, es de esperar que así sucederá también respecto de nosotros, y, por tanto, despreciando los bienes terrenos y humanos, debemos desear y amar con toda nuestra alma las cosas divinas.

San Agustín. Del Libre Albedrío  (B.A.C.)                       

 

GUIA DE  LECTURA  "DEL LIBRE ALBEDRÍO"

SAN AGUSTÍN

Pág. 1

1) ¿Qué problema plantea este libro?

2) ¿Qué  razón  da  Evodio para afirmar  que es Dios quien le ha dado al hombre la libertad?

3) ¿En qué consiste el argumento de autoridad?

4) ¿Por qué Evodio afirma que el hombre viene de Dios?

Pág. 2

5) ¿Por qué Dios ha dado al hombre el libre albedrío?

6) ¿Por qué Dios castiga al hombre?

7) ¿Qué relación tiene la justicia  con la libertad?

Pag.3

8) ¿En qué fundamenta Evodio su creencia en Dios?

9) ¿por qué para San Agustín  debemos investigar la verdad mediante la razón?

10) Lee el siguiente texto y responde a las cuestiones siguientes:

 "Seamos  constantes en la investigación, pues iluminados con su luz, encontraremos  lo que por su consejo  buscamos, en la medida en que estas cosas  pueden ser halladas  en esta vida  por un hombre  como nosotros".

a)    ¿a qué luz se refiere?

 

 

 

b)    Para San Agustín ¿puede el hombre conocerla verdad absoluta?

 

 

c)    ¿Cuándo  podremos conocer  la verdad  más clara y perfectamente?

 

 

11) Explica  el significado del siguiente texto:

"No se puede decir que se ha hallado lo que se cree  sin entenderlo y  nadie  se capacita  para hallar  a Dios  si antes  no creyere lo que ha  de conocer después".

 

 

 

12) Explica el significado  de la siguiente  frase:

 "Sólo la posesión de la libre voluntad  otorga  dignidad  a la acción humana."

 

 

Lee el siguiente texto:

Así, pues,  cuando Dios castiga al pecador, ¿Qué te parece que le dice, sino estas palabras: te castigo porque no has usado  tu libre voluntad  para aquello para lo cual te la di, esto es, para obrar según razón. Por otra parte,  si el hombre careciese  del libre  albedrío de la voluntad, ¿Cómo podría darse aquel bien que sublima  a la misma justicia  y que consiste en condenar los pecados y en premiar las buenas acciones? porque no sería pecado ni obra buena  lo que se hiciera sin  voluntad libre.  Y, por lo mismo si el hombre no estuviera dotado de voluntad libre, sería injusto el castigo e injusto  sería también el premio.  Más por necesidad ha debido de haber justicia, así en castigar como en premiar, porque éste es uno de los bienes  que proceden de Dios. Necesariamente debió, pues,  dotar Dios al hombre  de libre albedrío.

 

1.- Escribe la conclusión a la que se llega en el texto:

2.- Resume la idea  fundamental  del los siguientes  fragmentos:

a) Así, pues,  cuando Dios castiga al pecador, ¿Qué te parece que le dice, sino estas palabras: te castigo porque no has usado  tu libre voluntad  para aquello para lo cual te la di, esto es, para obrar según razón?

 

 

 

b) Por otra parte,  si el hombre careciese  del libre  albedrío de la voluntad, ¿Cómo podría darse aquél bien que sublima  a la misma justicia  y que consiste en condenar los pecados y en premiar las buenas acciones? porque no sería pecado ni obra buena  lo que se hiciera sin  voluntad libre. Y, por lo mismo si el hombre no estuviera dotado de voluntad libre, sería injusto el castigo e injusto  sería también el premio.

 

 

 

d)    Más por necesidad ha debido de haber justicia, así en castigar como en premiar, porque éste es uno de los bienes  que proceden de Dios.

 

 

 

e)    Señala la conclusión.

 

 

1)    señala la estructura argumentativa.

 

Empieza por señalar  que…

 

 

Continua explicando que…

 

 

Termina diciendo que...

 

 

 Concluyendo que…

 



[1] En este texto aparecen las relaciones que debe haber entre la razón y la fe.

[2] Agustín plantea abiertamente el problema del mal y la responsabilidad del hombre en el uso que hace de la libertad, exculpando a Dios de permitir el pecado.

[3] En este  texto se plantean dos problemas: el problema de las relaciones entre la fe y la razón (la fe es infalible, pero es posible también entender  que Dios existe) y el problema sobre la existencia de Dios (aquí se utiliza el argumento de autoridad)

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